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Capítulo 14: Un día normal con su amiga

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Se notaba que estaba feliz por como se movía al caminar. Acompañando sus pasos, su pelo, iba atado en dos coletas una a cada lado de su cabeza con un gran lazo verde. Su brillante pelo plateado, relucía cada vez que le daba el sol.  Vestía su vestido azul marino favorito y, por supuesto, llevaba una pequeña cestita blanca.
Al encontrar a su amiga en la plaza se le iluminó la cara.
-¡Chloe! -Empezó a correr saludando exageradamente.
En el distrito Sur donde vive Latina, hay muchos sitios que no son adecuados para que jueguen los niños, por eso, el único sitio donde Latina podía ir sola era la calle principal además del área de delante del Ocelote Bailarín. En el corazón de las calles estaba la plaza. Últimamente, una de las cosas que esperaba con ansías era salir a jugar con sus amigos del distrito Este.
Aunque había pasado poco tiempo desde que se le prohibió salir sola a la calle, Kenneth, sabiendo su edad, decidió que podía salir siempre que tuviese ciertas cosas en mente.
El parque que estaba un poco separado de los mercados en medio de la plaza era el sitio donde la gente iba a relajarse. Había, también, muchos niños jugando allí que Latina no conocía. Pasando de largo esa gente, Latina sonrió felizmente al volver con sus amigos.
-Latina, ¿qué pasa? Pareces feliz.
-¿Ha pasado algo bueno?
Ya que Chloe y Marcel se lo preguntaron, la niña contestó de buena gana.
-Dale ha vuelto.
-Ya veo.
-Eso es genial, Latina.
Sus amigos también habían notado que cuando Dale no estaba en casa, Latina se deprimía. Viendo a su pequeña amiga reír con sinceridad por fin, se alegraron de corazón por ello.
-¡Gua, esos caramelos parecen caros! ¿No importa que nos los comamos?
-Más te vale que tengas cuidado, Latina, porque Rudi se los comerá todos.
Los amigos con los que jugaba Latina normalmente eran esos cuatro. Reinando en el grupo como líder, estaba la flor solitaria, Chloe. Latina y Chloe ya se habían tan amigas que se llamaban la una a la otra, mejores amigas. Latina respetaba mucho a la niña que estaba en el trono del más fuerte, firme a pesar de que sus adversarios fueran chicos.
Chloe también reconocía que, aunque Latina era más menuda que ella, era muchísimo más lista. Ambas tenían algo que la otra no y se aceptaban como igual. También era por este motivo que su amistad se había profundizado tanto a pesar de que sus personalidades eran completamente opuestas.
Latina también se acostumbró con rapidez al niño de cara redonda y personalidad tranquila, Marcel. Era, después de Chloe, quien más le gustaba a Latina puesto que la trataba con gentileza, como a una hermana pequeña.
En el caso de Anthony, el castaño delgado, Latina no lo entendía mucho. Si se le preguntase si le odiaba, ella contestaría que no, era este tipo de sentimiento.  Según Chloe, era perspicaz y según los adultos se le daba bien ocuparse de las cosas. Era ese tipo de niño.
Y por último, el chico más grandote de los cuatro, Rudi. Al parecer su nombre real era Rudolph pero todos sus amigos le llamaban por este apodo. A Latina no le gustaba demasiado. Además de que su primer encuentro no fue muy bueno, el niño solía molestar a Latina, haciéndole bromas y demás. Siempre recibía represalias por parte de Chloe, pero, nunca parecía aprender la lección.
Latina, que hasta entonces no había tenido experiencia alguna con niños de su edad, no tenía ni idea de cómo interactuar con el infantil de Rudi.
-¿Qué os apetece hacer hoy?
-Dicen que van a jugar a la cadena después de esto.
-Con los niños del otro lado, eh. ¿Latina quieres venir también?
-Sí.
Los cuatro enseñaron a jugar a Latina a la cadena. En el juego tenías que cogerte de la mano con aquella persona que te había pillado y correr a pillar al resto juntos. Cuánta más gente, más divertido era. Los cinco, incluyendo a Latina, se acercaron al grupo de niños que jugaban en la plaza.

Latina infló los mofletes adorablemente para enfatizar que no era justo.
-Latina, por favor, siéntete mejor.
-¿Están buenos los caramelos?
Mientras se comían los caramelos que había traído Latina, Anmthony y Marcel intentaban suavizar la situación. Sin embargo, Latina estaba montando una pataleta inflando los mofletes.
-¿Por qué Rudi sólo va a pillar a Latina todo el rato?
-¿Eh? Porque Latina es pequeña y lenta.
Imperturbable por la protesta de Latina, Rudi comía con entusiasmo el brownie que tenía en las manos.
Eran bienes de alta gama de una tienda famosa visitada por los nobles de la capital pero, para los niños, lo único que eran, era “un montón de caramelos buenísimos”.
-Hay niños más pequeños que Latina.
-Los más pequeños también son más rápidos que Latina.
-Latina no es lenta.
No era justo, Rudi había herido el orgullo de Latina.
Es porque Rudi siempre va a por Latina primero. Por eso.”
Ante la insistencia de Latina, Anthony sonrió amargamente y Chloe frunció el ceño. Marcel disparó un: “tiene razón”. Sin embargo, el culpable, Rudi, actuaba como si nada.
-¿No es raro que la persona en cuestión no se dé cuenta?
-Es porque Rudi es un crío.
Chloe y Anthony intercambiaban palabras en secreto.
Sin embargo, en el momento que probó un bocado del brownie, su expresión cambió y la Latina en trance dejó de preocuparse por ello.
Desde la primera vez que se encontraron, para el grupo de cuatro de Chloe, Latina fue especial.
Una niñita con cabello plateado brillante atado con un hermoso lazo del tipo que se llevaban a los festivales. Al principio sólo era pellejo y huesos pero, ahora que tenía más chicha, se había vuelto extremadamente encantadora y mona. Parecía una princesa de cuento nacida en algún lejano país que, aunque no podía hablar del todo bien, podía usar magia. No tenía padres pero vivía en la tienda de la esquina donde se reunían aventureros y su padre adoptivo. Cada cosita sobre ella, les parecía extraordinaria.
Los cuatro sabían que Latina tenía un cuerno. El pequeño cuernecillo que escondía con el lazo fue algo que Latina les enseñó por sí misma. Incluso invitó a Chloe a tocar lo cálido y suave que era al tacto. Como Latina parecía triste sobre su cuerno roto por la raíz, todos pensaron que probablemente, era algo de lo que no deberían preguntar. Incluso Rudi, que era indiferente, entendió apropiadamente algo como eso. Los niños no tienen la fragilidad de los adultos y aceptaron los hechos de buena gana como: “Es algo distinta a nosotros pero los de la raza demonio también son personas”.
Al principio anhelaban lo extraordinaria que era, en efecto, pero ahora mismo, Latina se había convertido en una existencia extremadamente importante y tras entender eso, Latina también pensó en ellos como existencias importantes.

-Hey, Kenneth. Últimamente Latina ha estado diciendo el nombre de “Marcel” bastante a menudo, pero hey, es el nombre de un hombre, ¿verdad?
Para los niños de su edad no creo que hay algo como “hombre” o “mujer”, pero…”
-Sí. Es uno de los amigos de Latina.
-A mi Latina… Un insecto desconocido le ha…
-Seguramente, es un amigo.
-¡Latina ha-…! ¡Te puedes creer que ha dicho que quiere ir a jugar a casa de un hombre! ¡A casa de un hombre!
-A casa de un hombre dices… Seguramente es la casa de su amigo, ¿no?
-Uh… Puedo entender que vaya a casa de esa chica, Chloe, pero, ¿por qué a casa de ese tío…?
-Bueno, lo más probable sea…
-¿Eh?
-Ese niño llamado Marcel… es el hijo de la pastelería del distrito Este.
-!!!
-¿…No estará interesada en cómo es una pastelería?
-¡Así que es comida! ¡¿Latina, es por comida?!

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